miércoles, 11 de enero de 2012

EL AROMA DE LOS CAMINOS

























La brisa sopla a raudales rindiendo matojos,
Otoños cadáveres marchan lentos al paso
Hacia donde mis dos zapatos a mí se me den,
Con el cielo por sombrero y con tormenta toda
Vestimenta, persigo mi misma negligencia
Por caminos toscos de un clandestino mundo,
Donde se amanceba la madrugada y convierten
Mi palabra viajera en pretendida distancia.

Corren mis piernas siguiendo solas vías de tren,
La aurora me canta en las anónimas esquinas
Bordadas por espinas, sembradas por la piedra,
Por donde rezo al pasar que nada me suceda,
Que no preceda la muerte por mi echada suerte
En aquellos mundos de Adán, pues todo abalorio
Mío llevo por entre éstos pinares de pájaros
Espinos, donde a mi me avala toda constancia
Interminables andaduras sobre zapatos,
Que inhalan al trote el aroma de los caminos.