lunes, 27 de febrero de 2012

EL LEVANTINO























Hubo un levantino cuyo corazón marino

Le envalentonaba casi todas las mañanas,

Todas las que una niña vecina regalaba,

Al viento le mandaba besos de porcelana,

Moldeando el joven cariño tras sus cristales.

Desfilaba el contoneo por los ventanales

Balanceando la plenitud de su belleza,

Sonrojos de inocencia ante perspicaz presencia.

Nunca supo certero del cruce de miradas,

Si eran de enamorado o si fueran obligadas,

Si juegos de la malicia o de provocación

Los mensajes que le mandaba a su corazón.

Más en una cierta ocasión y más cierto día,

Compungida vio su vista ante la negación

De andares de cadera en manera repentina,

Cuando vio que recorría las calles el luto,

Bajo su balcón a entierro sonaban campanas

llamando al amado levantino corazón

Que levantaban al marino aquella mañana.

Entonces supo él quien llevaban a hombros difunta,

La que ya nunca devolvería su mirada

Moldeando el joven cariño tras sus cristales

Desfilando el contoneo por sus ventanales

Balanceando la plenitud de su belleza.

Tras el marco de aquella ventana ya nunca más 

La besaría,pues la cortina estaba echada.